domingo, octubre 24, 2004

¿Cómo saber...

¿Qué tan fuerte debe el viento soplar para acallar los gritos de aquellas almas devoradas por el destino? ¿Qué tanto puede aplacarse la sed de aquellos inocentes que desean cambiar el futuro?
Tan solo una leve brisa podría destapar la montaña de ilusiones que oculta la razón de los olvidados y encender la llama que torcerá el destino del mundo.
Aún la perfección puede arder.
Sólo hace falta una idea para encender la mecha y convertir en cenizas el palacio de cristal.
La masa inerte abandonará la muerte para tomar en sus manos el poder de modelar el destino y cortar los hilos que teje en algún lado la parca.