lunes, agosto 16, 2004

78

La ironía y el sarcasmo son características de mi generación. Soy de los que nacimos mientras los ecos del mundial 78 apagaban los gritos de terror de los desaparecidos por la dictadura. Soy de los esépticos, los que ya no queremos creer en las utopias porque sentimos el dolor que creer en ellas causó a nuestros padres y abuelos.
Viví toda mi vida en un país ideologicamente arrasado, corrupto y carente de sentido, donde los politicos son un cancer terminal que no cesa en su expanción. Toda mi vida he visto como maltrataban gente, como el pueblo se empobrecia, como cada vez somos más desocupados, más incultos, mas abominables. Duele la impotencia de saber que no se puede hacer nada, duelen los niños en las calles y duelen los ancianos pidiendo limosna. Duele la miseria. Es una herida que desgarra el alma y sin embargo cada vez que camino por las calles de la ciudad lo ignoro todo, descreo de todos ellos, "Andá a laburar, che" les digo para protegerme del verdadero significado del hambre.
Es que vengo de una familia en la que se valora el esfuerzo, y antes morir de hambre que pedir limosna. Si no se puede laburar hay que ponerse a estudiar y matar el hambre del estomago dandole de comer al cerebro, mi cerebro tiene hambre de conocimiento y mi corazón de sabiduría. Por ello estudio y busco trabajo en un país que está maldito. Pocos son los que consiguen éxito, los demas somos los explotados, los que trabajamos 10 o 12 horas por día para ganar un sueldo que apenas alcanza para pagar los gastos de transporte para ir todos los días a trabajar. "Hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar" dice mi viejo mientras labura de sol a sol para bancarnos los estudios, pagar la hipoteca y mantener la casa. El mensaje es contradictorio, como todo en este país. Pero deja en claro una cosa, mi viejo cree que nosotros los jovenes podemos sacar este país adelante (si es que los que gobiernan no lo venden primero).